Sobre el 1 octubre de 2017 en Cataluña

independencia

No soy una persona política, no tengo afinidades de ningún tipo, pero lo que ocurrió ayer en Cataluña hizo que se tambaleasen algunos cimientos que parecían sólidos, y consumados.

De todo lo que ocurre siempre habrá múltiples realidades, tantas como personas o posiciones. Y todos tendrán razón. Tanto los más nacional-españoles como lo más nacional-catalanes —unos y otros (y todos los tonos grises intermedios)—, verán los hechos del 1 de octubre de acuerdo a lo que desean ver.

Viendo las imágenes de ayer es fácil ponerse en la piel de los catalanes afines al proceso de participación. ¿Quien no quiere tener libertad de expresar su opinión? ¿Quien no quiere tener el derecho a decir (que todavía no es decidir) cómo le gustaría ser gobernado? ¿Quien no quiere ejercer algunos de los derechos más básicos de la democracia, como el derecho a manifestarse, reunirse en grupo o expresarse? No creo que exista nadie en el mundo a quien no le gustaría disfrutar de estos derechos fundamentales, otra cosa distinta es que no nos dejen a todos ejercer estos derechos —como ocurre en otros países (China, Corea, Venezuela…)—, a los que España se pareció ayer.

En un intento por ver la historia desde los dos bandos, me pregunto, y trato de responderme con franqueza:

¿Me gustaría que un territorio de Euskadi (donde vivo) quisiera independizase de Euskadi?

No, por supuesto que no me gustaría.

Si ese pueblo quisiera expresar públicamente su opinión ¿trataría de acallarlo?

No podría, si su voluntad es expresarse: yo-ciudadano, yo-político no tengo legitimidad para prohibir que quien quiera manifieste públicamente su voluntad.

¿Qué tendría que hacer yo-gobernante, en tal situación?

1- Ser el primero en sentarme con ellos para saber qué les ocurre.

2- Analizar sus motivaciones y ver si puedo ponerles solución.

3- Tratar de convencerles, a través de propuestas concretas y soluciones, que permanecer juntos es lo mejor para todos.

¿Qué tendría que hacer si no les convenciese?

Lo mismo que ha hecho la Unión Europea con Reino Unido:

1- Pensar en el nuevo dibujo que tendría mi territorio de producirse la escisión, y pensar en sus implicaciones valorando las medidas a tomar en caso de que se produzca la salida.

2- Expresarle al territorio que aspira a salir, de forma directa y transparente las medias que se adaptarán en caso de producirse su salida.

3- Dejar que el pueblo de ese territorio manifieste su opinión y asuma su responsabilidad.

Tal vez Cataluña haya abierto la tapa de una realidad que no se había superado, que aun escondamos sentimientos de un pasado cercano. Siempre he pensado que sacar a la luz las turbulencias no superadas es lo más adecuado, aunque duela, si es que se quiere avanzar y evolucionar, que la mejor de todas las opciones es mirar las sombras de uno mismo con franqueza, sin miedos, sin interpretaciones, aceptando lo que es como lo que es, y luego buscar un futuro mejor entre todos.

Y es esto o sus alternativas: seguir peleando por los viejos rencores y las viejas ideas perpetuando un modelo de mundo viejo; o seguir como si no pasara nada y de vez en cuando enfrentarnos a la mentira de nuestra bonita sociedad.

Lo que es seguro es que es un momento importante en nuestra historia, de los que hay que estar muy atentos, pues van a suceder hechos trascendentales..

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