Sentirse responsable del destino de otros emprendedores

Cuando lees artículos como este:

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a uno que esté emprendiendo, o apunto de hacerlo, se le quitan inmediatamente las ganas de hacerlo.

¿Pero qué pasa con todos esos que están (estamos) en el mundo del emprendimiento viendo los toros desde la barrera? Haré un breve listado:

  • Gurús del emprendimiento no-emprendedores: que saben y difunden los conceptos teóricos del emprendimiento. Se les identifica porque van siempre con El Manual del Emprendedor de Steve Blank debajo del brazo.
  • Legisladores, funcionarios y políticos: para ellos el emprendimiento es la fórmula ideal para que descienda el empleo, y por eso se esmeran en lanzar mensajes triunfantes a favor del emprendimiento. Se les ve en toda jornada, charla y evento relacionado con el tema, y siempre hacen dos cosas: 1) ofrecen datos socio-económicos que les hace parecer que controlan de esto; 2) explican con todo lujo de detalle la batería de ayudas públicas y programas, y los presupuestos destinados para tal fin.
  • Bancos: (dejo a parte a los inversores a riesgo que sí se la juegan), los bancos “siempre” cobran, o casi siempre. Y los proyectos de emprendedores y los propios emprendedores se ha consolidado como una forma eficiente de rentar el dinero antes que dejarlo parado ante la escasez de otros activos.
  • Asesores, formadores, coach, mentores: a veces útiles, es sencillo distinguir aquellos que han sido o son emprendedores de los que no, por el tono de efusividad  para lanzarse a la aventura (sin red)… ojito.

La trampa de las ayudas públicas

Atención a los que legislan y hacen política pública, incentivar el emprendimiento a base de ayudas a fondo perdido no es una buena práctica. Hay un sinfín de especialistas en diseñar y luego extinguir negocios para captar este tipo de ayudas. Y otros que animados por las ayudas se meten en auténticos fregados económicos y personales (comercios unipersona como las fruterías, panaderías, peluquerías…) sin haber siquiera analizado el mercado potencial que queda libre de otros tantos negocios idéntico al suyo.

Más dañino aún que perder las ayudas, es su cualidad para convertirse en trampas mortales para personas inexpertas que se lanzan con la idea de un negocio apalancando su viabilidad en las ayudas iniciales. Estas ayudas deslumbran, sesgan, ralentizan, desenfocan y distorsionan los negocios que en su etapa inicial deben estar centrados en encontrar su encaje con el mercado.

Lo que de verdad ayudaría al ecosistema emprendedor sería un contexto legislativo y administrativo adecuado. Con pocas barreras legales, económicas y burocráticas para poner en marcha negocios. Con facilidades de acceso a servicios e infraestructuras públicos que puedan usarse para activar nuevas actividades. Con profesionales que no sólo empujen a emprender, sino que acompañen y se comprometan más allá del primer año. Con programas y acciones que contribuyan a paliar los daños personales tras los fracasos empresariales. ¿Por ejemplo con unas tasas para autónomos que no sean las más altas de la Unión Europea?

¿Es legítimo animar a emprender?

Esta sería la disyuntiva ética a resolver de alguien que trabaja con emprendedores sino está emprendiendo.

Y no es lo mismo dirigirse a jóvenes o inexpertos que no saben lo que están haciendo —y nadie les habla de las más que probables consecuencias de fracasar en este país—, que tratar con personas experimentadas.

Quizá lo primero que habría que hacer en los programas que apoyan al emprendimiento sea decirles lo mucho que se puede perder, las pocas posibilidades que cuentan para tener éxito, y la cantidad de barreras y dificultades que tendrán que sortear. Luego ya hablamos de cómo enfocar el negocio y cómo repartir los beneficios.

Conclusión: (Y esta me la guardo para mí) Cuidado con animar a otros a hacer lo que tú no has considerado hacer (aunque lo hicieras en un tiempo remoto). No basta con pensar como si fueras uno de ellos, has de comprometerte —de la forma que estimes oportuna—, pero sigas allí presente en las duras y en las maduras, y sufras y disfrutes sino igual, sí al menos en la parte proporcional al ánimo que les hayas infundido durante tu asesoramiento y tu compañía.

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