Los MOMENTOS DE LA VERDAD (que deciden tu vida)

La carretera de la vida

Cuando corrí mi primera carrera ciclista quedé entre los últimos del pelotón. Decepción, frustración, desánimo. Ni siquiera llegué a la meta. Y lo mismo ocurrió en las siguientes 4 carreras. Cero. Fiasco. Fracaso. Estas palabras se repetían incesantemente en mi cabeza. ¿Cómo compañeros a los que ganaba en los entrenamientos me habían superado con tanta facilidad durante la carrera? ¿Cómo siendo mi forma física más que aceptable había quedado tan atrás como para ni siquiera acabar las carreras? Lejos de rendirme, decidí prestarle más atención a este fenómeno que me brindó la oportunidad de comprender algo revelador para mí y que me dispongo a compartir con vosotros.

Tras esa primera horrible experiencia, pensé que debía afrontar las siguientes carreras de una forma diferente. Partí con una estrategia en la mente: pegarme a la rueda de los compañeros con los que andaba más parejo. Ni a los mejores ni a los peores del equipo, a los que consideraba que podría igualar o superar. La mejora respecto a mis primeras carreras fue sustancial. Invariablemente había una selección natural, grupos de corredores descolgados luchaban sin éxito por alcanzar a los corredores de adelante. Unos triunfaban y otros fracasaban. Era la ley de la competición. Tomé conciencia de que la fortaleza física no era la única variable que determinaba quienes estaban arriba y quienes estábamos abajo. Los mejores corredores no siempre eran los más fuertes o entrenados, pero sí todos los buenos tenían en común cierta sabiduría estratégica que yo tenía que comprender.

Pegarme a la rueda de otros corredores había mejorado mis posiciones ¿por qué no pegarme a la rueda de los mejores y ver cómo afrontaban las carreras? La estrategia era observar y comprender el comportamiento de los mejores durante la competición (la vida). Y efectivamente el resultado fue revelador porque identifiqué en ellos esta sabiduría técnica para saber cual era el momento de apretar y darlo todo, y cual el momento de guardar las fuerzas. Me di cuenta de que la carrera tenía ciertos momentos de la verdad. Unos cientos de metros, unos pocos kilómetros, unos minutos concretos de máximo esfuerzo que unos aprovechaban para permanecer o alcanzar los puestos de cabeza, mientras que el resto los perdíamos ya fuese por rendición, por conformismo o por mera ignorancia. Resistir unos pocos minutos representaba la diferencia entre la vida y la muerte, entre el éxito y el fracaso, entre la evolución o la miseria. Tan sólo aquellos que durante aquellos minutos críticos aguantaban en las primeras posiciones acababan en los primeros puestos la carrera. Siempre. Y aguantar el ritmo en esos momentos no era sólo cuestión de fortaleza (aunque había que estar fuerte), era más una cuestión de actitud, de no permitirse a uno mismo rendirse ni quedarse descolgado, de extraer lo máximo del cuerpo y de la mente para soportar el ritmo que podía durar unos pocos minutos o unos pocos segundos! Casi cualquiera de los que estábamos allí éramos capaces de soportar el esfuerzo pero no todos nos dábamos cuenta de este hecho, la mayoría perdía unos valiosos metros que les llevaba a quedarse cortados en grupos más pequeños (de futuros perdedores como me sentía yo), mucho más débiles y finalmente a fracasar ¡Por el mero hecho de no haber sabido (sí habrían podido) aguantar unos metros! Esto era lo más interesante. Los momentos decisivos de la carrera se ganaban con la cabeza y no con las piernas. Con la actitud y no con la aptitud. No sólo logré llegar a la meta a partir de esa quinta carrera, sino que lograba puestos dignos entre los mejores de mi equipo, con un aprendizaje muy valioso para mi vida. (Y curiosamente haciendo un esfuerzo menor y sufriendo menos).

Como en el ciclismo, la vida tiene sus MOMENTOS DE LA VERDAD. Puertas que la vida nos ofrece para acceder a una situación mejor y que en vez de cruzar cerramos. Dejar escapar un Momento de la Verdad no tiene por qué ser traumático, ni de fracasados, lo normal entre la gente corriente es dejar escapar estos momentos de oportunidad. ¡Cientos a lo largo de nuestra vida! Y esa y sólo esa es la diferencia entre las personas que triunfan y las que no lo hacen. Ese y sólo ese pequeño matiz (unos metros en un puerto de montaña, unos segundos durante una conversación, unas horas de estudio para un examen, un pestañeo de atención durante un acontecimiento, un pensamiento durante una decisión….) representa el abismo que vemos entre la vida corriente de unos y la vida exitosa de otros. No es un pecado, ¿tal vez sólo un error? (la mayor parte de las veces ni nos damos cuenta), tan sólo significa que estamos posponiendo en el tiempo alcanzar el estado que nos merecemos.  Saber que en unas décimas de segundo nuestra vida puede cambiar, que lo logremos o no, no es cuestión de capacidad, fuerza, poder, sino de una toma de conciencia para identificar nuestros MOMENTOS DE LA VERDAD, y la actitud necesaria para aprovecharlos.

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