El objetivo define la situación, y no la situación el objetivo

En cualquier situación en que no sepas que hacer, lo primero que tienes que considerar es sencillamente esto: “¿Qué es lo que quiero que resulte de esta situación? ¿Qué propósito tiene?” El objetivo debe definirse al principio, pues eso es lo que determinará el resultado.

Sin un objetivo constructivo, establecido de antemano y claramente definido, la situación simplemente parece ocurrir al azar y no tiene ningún sentido hasta que ya ha ocurrido. Entonces miras en retrospectiva, y tratas de reconstruirla para ver qué sentido tuvo. Y no podrás sino equivocarte. No solo porque tus juicios están vinculados al pasado, sino porque tampoco tienes idea de lo que debió haber ocurrido. No se estableció ningún objetivo ningún objetivo con el que armonizar los medios.

La ausencia de un criterio establecido de antemano que determine el resultado final, hace que sea dudoso el que se pueda entender y que sea imposible evaluarlo.

El valor de decidir de antemano lo que quieres que ocurra es simplemente que ello te permite percibir la situación como un medio para hacer que tu objetivo se logre. Haces, por lo tanto, todo lo posible por pasar por alto todo lo que interferiría en su logro, y te concentras solo en lo que te ayuda a conseguirlo.

Del libro: Un curso de milagros

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